
No todos los anónimos lo son, pero si que todos los que son, son anónimos.
No todos los que escriben un anónimo son cobardes, pero si que está claro que un cobarde escribiría un anónimo. Un cobarde no da nunca la cara, porque eso es de valientes. Que no se vea la mano que tira la piedra, mejor no dar la cara.
Todos los que escriben un anónimo no se sienten culpables, pero si que quien se siente culpable escribe un anónimo. Por eso se oculta, para evitar ser rebatido, para que no se sepa la incongruencia, o lo que es peor, para no avergonzarse de su estupidez, de su envidia o de su mala intención. Digo estupidez porque sus razonamientos son de primera entrada de google; digo envidia porque parece un pataleo de niño mimado al ver que otro tiene más cromos; y digo mala intención porque ataca sin preguntar.
Acepto todas las críticas, menos las anónimas. Mi blog no tiene control de comentarios, como tienen casi todos los demás. Creo que así es más sencillo y más libre para pueda aportar cualquiera, pero lógicamente no es una patente de corso para que un indocumentado campe a sus anchas. He pensado a veces que si dejara sus tontadas escritas, nos reiríamos un rato, un toque de humor ácido, pero tampoco me parece bien que nos riamos de esta gente, no tienen culpa de no dar para más; vayamos al circo a ver los payasos, no están los blogs para esto.
Así que ya sabeis que tengo un seguidor anónimo, me refiero a un anónimo cobarde, de los que esconden la mano, de esos que se sienten culpables, que es estúpido, inculto y un poco payaso. Si lo veis pasar por vuestro lado, no lo asusteis, es muy cobarde.